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jueves, 1 de julio de 2010

28 de juino, su cuerpo ya no resistió!


Esta entrevista fué realizada el 25 de mayo, ella estuvo hasta el día 28 de juino, su cuerpo ya no resistió, estaba muy débil, aunque su alma se quedó en el zócalo.

martes 25 de mayo de 2010

Isa - día 31
Nombre: María Isabel de la Rosa López

En huelga desde: 3 de Mayo

Edad: 26 años

Puesto en LyFC: Oficinistas varios


Sus compañeras la llaman Isa. Es una de las huelguistas de hambre más jóvenes que habitan bajo esta carpa. Tiene mi misma edad, y estudió, como yo, Comunicación y Periodismo. Tendrán que perdonarme, pues, si siento por ella una empatía injustificada. Es soltera, católica y vive con su madre: al contrario que el resto de huelguistas con los que he tenido el privilegio de hablar, ella no lucha por dejarle un futuro mejor a sus hijos –al menos, no literalmente, pues no los tiene-. Tampoco está aquí porque le guste la aventura o ansíe vivir nuevas experiencias. Al contrario, Isa es un remanso de paz y de calma. La verdad es que ella sólo quería una vida tranquila. Imaginaba su vida futura con un marido, hijos, una casa y una jubilación digna con la que enfrentarse sin miedo a la temible vejez, esa vejez que los mexicanos tanto temen, porque se saben débiles y desprotegidos de antemano, y ya voy viendo que tal vez lo que más temen –aunque no lo digan- es verse vendiendo chicles en cualquier esquina.

Confieso que se me hace extraño oír hablar así –así: de hijos, marido, casa y jubilación- a alguien de mi edad y profesión. Se me hace extraño que Isa no desee aventuras, nuevos trabajos y experiencias, que no abrace la inseguridad laboral como forma de vida y que la precariedad no sea su bandera. Tal vez porque yo no he tenido ni tendré nunca la oportunidad que ella tuvo de imaginarse una vida sin sobresaltos. Tal vez es simple envidia o incomprensión por mi parte, no lo sé. Al fin y al cabo, mi padre no trabajó en LyFC: el suyo sí. Mi padre no me dejó la oportunidad de entrar en una gran empresa de la que estar orgullosa, una empresa que me ayudara y me cobijara del violento mundo exterior: el suyo sí. Los trabajadores de LyFC despiertan ahora al pavor de quedarse desnudos y sin derechos en una partida donde empezaron con una ventaja duramente ganada y donde ahora se ven de golpe relegados al último lugar del tablero –no en vano están boletinados: ninguna empresa quiere contratarlos-. Ellos, que vivieron tantos años pobres pero confiados, ven como su sueño de ser clase media se rompe en pedazos por una realidad demasiado violenta. Y como en el cuento de los cangrejos, aún se ven jalados hacia el fondo de la cubeta, allí donde viven los que nunca disfrutaron del sueño de una vida un poco más amable.

Isa lleva siete años trabajando en LyFC como oficinista.
En su departamento manejan la elaboración de horarios de vacaciones, incapacidades y otras incidencias. Desglosa con calma los tiempos de vacaciones de los trabajadores de LyFC: tres días el primer año, siete el segundo, y así, aumentando progresivamente, hasta alcanzar un máximo de veintiocho tras más de veinte años en la empresa. Un máximo de veintiocho días al año: dos menos que el mínimo reglamentario en España. Dijeron que eran privilegiados, huevones y rateros. Al oírlo, Isa lloró: no lo entendía. Tal vez no se habría imaginado nunca, como universitaria de la UNAM que es, culta e informada sobre las nuevas tendencias, que algún día sería ella quien volantearía en las marchas de protesta, que sobre ella –y no sobre un extraño que no nos importa, alguien cualquiera: el otro- recaerían los insultos o la hiriente indiferencia de la gente que pasa. Despertó al mundo de los adultos y de las responsabilidades con la muerte de su padre, hace cuatro años. Imaginó tal vez que no habría dolor más grande que ese, pero se equivocaba. Todavía quedaba el despertar a la injusticia, al pisoteo, a la humillación, a una indiferencia que nunca imaginó para ella.

Vapuleada por los mismos medios de información en los que ella se había formado y para los que había trabajado, desposeída de repente de toda seguridad o certidumbre, con la familia en pleno –hermana, cuñado y hermano- repentinamente sin trabajo ni posibilidades de hallar uno nuevo, Isa regresó entonces a las memorias de su padre. Recordó su infancia extremadamente feliz, los principios de honestidad en los que había sido educada, las luchas en las que su padre había participado para dejarle un futuro mejor a sus hijos, la educación, que fue su única herencia, todo aquello invisible e impalpable que su padre luchó por dejarle. Y entonces vino aquí, a defender lo que no solo es de LyFC, sino de todo su país. Porque dice que el gobierno está vendiendo lo que no les pertenece. Pero también viene a defender algo que le pertenece solo a ella: no su trabajo, sino sus recuerdos y sus principios, todo lo que le hace ser quien es.

Publicado por altea gomez en 10:15

viernes, 25 de junio de 2010

SME


Nombre: Gregorio Paredes Gómez

En huelga de hambre desde: 3 de Mayo

Edad: 46 años

Puesto en LyFC: Administrativo. Comité Central del SME
Se llama Gregorio. Cumplió cuarenta y seis años. Nacido en el pequeño pueblo de Juandhó (Tetepango, Hidalgo. Unos mil habitantes; 95% de ellos electricistas) se mudó al casarse al vecino Tlahuelilpan, de donde es originaria su esposa. Es electricista de cuarta generación. Su bisabuelo comenzó la tradición y después siguieron su abuelo y su padre. También su hijo mayor había entrado a la empresa. El menor, en cambio, estudia en una universidad privada, mil ochocientos pesos el mes, y todavía le queda un año para terminar la licenciatura. Gregorio ha ido vendiendo sus tierras para continuar pagándole los estudios al menor de sus hijos. Estudia Administración de Empresas.

***

Sobre el techo de la carpa, aproximadamente entre el contador de días (hoy van 59) y la entrada al campamento, hay una pancarta gigantesca, diseñada sin duda con la esperanza de que aparezca en alguna toma aérea. Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus acciones lo traicionan. La miro, y pienso entonces que tal vez no, que debo estar equivocada, que tal vez ha sido diseñada para que la lean desde Palacio Nacional. ¿A quién se refiere, si no, la frase que apunta al cielo? ¿A Dios? Y si no se refiere ni a mí ni a ninguno de los que pasamos por allí, entonces ¿por qué me siento culpable al leerla? Mis palabras los defienden, un poco –apenas nada, en realidad-. Pero ¿y mis acciones? ¿no estoy acaso contribuyendo a su terrible empeño con mis visitas? Su empeño de muerte. Temo por sus vidas, pero no me atrevo a decirles: vete. Si lo dijera minaría la voluntad de estos hombres y mujeres. No diciéndolo, cultivo la culpa de un presagio espantoso. ¿No son acaso las palabras también una acción? Decirle a un huelguista “¡aguanta!”, ¿no es también una traición al deseo verdadero de que se vayan, de que se salven, de que vivan? Me pregunto si, al contrario que en la pancarta, los traiciono con mis palabras y los defiendo con mis acciones. Me pregunto si…

***

Juandhó no es cualquier pueblo, ni que sea porque de allí es originario el propio Martín Esparza. A Martín los huelguistas le llaman el General y tienen fe en él. También Gregorio, que además de ser del Comité Central es su vecino, confía en él. Cuando dicen “Juandhó” lo dicen con un deje especial, como quien deja caer una pista para quien sepa oírla. Cosas oscuras ocurrieron en Juandhó. Esa noche Gregorio no estaba. Fue por los tiempos de la huelga. Tal vez el 16 de marzo. No, fue el 17, de noche –estas cosas siempre ocurren de noche-. La policía andaba buscando a alguien. O eso dijeron. Dos mil policías llegaron a un pueblo de mil habitantes. Entraron en las casas, rompiendo todo a su paso. Los hijos de Gregorio escaparon por la azotea. La PFP saqueó la casa. Gregorio no dice más: solo sonríe con tristeza (¡otra vez! esa enigmática sonrisa mexicana, sutil escudo contra la adversidad). Sin embargo, he oído otras historias. Historias que hablan de palizas y amenazas. Historias que suponen que la represión en el pueblo de Martín Esparza no fue en modo alguno casual, que todo fue un elaborado plan para quebrar la voluntad del líder sindical. Oscuros rumores de pesadillas nocturnas, rumores que hablan de amenazas de desapariciones. Le pregunto a Gregorio, pero él sólo sonríe: ni niega, ni afirma. La noche del 17 de marzo él no estaba. Alguien lo llamó: no vengas, te están buscando.

***

Una vez Gregorio estuvo en Colombia. Eso fue hace ya algunos años: gajes del oficio del sindicalista. Recuerda con claridad el espanto de ser recogidos por un coche blindado. Hombres con armas los custodiaron durante todo el camino. Todos portaban armas y chalecos antibalas. La delegación mexicana, muda del susto, descubría la literalidad del peligro de ser sindicalista en Colombia. Llegaron a una mina en huelga. De un lado, Gregorio vio al ejército, armado hasta los dientes. Del otro, los mineros, armados por igual. Todo estaba en calma. Ahora, México camina con paso firme hacia el perfecto ejemplo colombiano. Todo está listo para la interminable y fantasmagórica guerra civil: la miseria mayoritaria abona el siniestro plantío de armas. El escenario del guión está trazado: junglas, desiertos, corrupción endémica, grupos de narcos reales o imaginarios en acción. Y solo falta ya prenderle la chispa: “se busca guerrilla, grupo armado o similar para suicidar país”. Que inconveniente que los zapatistas depusieran las armas ante la atónita mirada de un gobierno que tenía grandes planes para ellos. Que inconveniente que los mexicanos, no importa cuánto se les apriete el yugo, insistan tercamente en mantener una lucha pacífica. Qué tristeza darse cuenta de la perfección del juego: ya sea apropiándose de los recursos de la nación, o legitimándose mediante una lucha armada provocada por esos mismos despojos, ellos siempre ganan.

***

Ahora la esposa de Gregorio vende jugos de naranja en las mañanas. Su hijo menor es el responsable de ir a la central de abastos para surtir de mercancía a su madre: él debe cuidar de la casa ahora, además de priorizar sus estudios sobre cualquier otra cosa, por supuesto. Su hijo mayor sobrevive gracias a su afición a los gallos: se dedica a amarrarles las cuchillas. Si ganan la pelea, el 10% es para él. Lo que antes era un pasatiempo se ha convertido en su único sustento. La familia de Gregorio entendió en un principio que la huelga formaba parte de sus obligaciones sindicales. Hoy, más de cincuenta días después, van viendo que es algo más profundo. Que Gregorio no lucha por obligación sino para devolverle la esperanza a los suyos: sólo quiere un empleo digno para sus hijos y que se respeten las leyes. Tal vez es pedir demasiado, porque con amargura ha aprendido en estos meses la veracidad del dicho: para mis amigos, justicia; para mis enemigos, la Ley…

jueves, 20 de mayo de 2010


“la Suprema Corte de Justicia tiene que escucharnos”
Historias de la resistencia

Edgar Belmont
Entrevista a María del Rocío Higuera
en huelga de hambre desde el 3 de mayo 2009
Zócalo de la Ciudad de México 20 años de antigüedad en el Departamento de Oficinistas varios.

Enterarse de la ocupación de las instalaciones de Luz y Fuerza Centro y del decreto de extinción de la empresa fue un momento traumático no sólo para la o el trabajador(a) electricista de los distintos departamentos operativos o administrativos; sino también, para el entorno familiar: un shock. Sin haber sido vencidos en lo contencioso, miles de mujeres y de hombres, la mayoría “cabeza de familia”, con la “obligación” de velar por el bienestar de sus hijos, de un día a otro, como nos señala María del Rocío (56 años, viuda, con un hijo de 16 años): “sin saber por qué, de la noche a la mañana”, se encontraban “a la mitad de la calle”; refiere María.

Con el decreto de extinción de LyFC están en juego, subraya nuestra entrevistada, el respeto a los derechos humanos, “tanto los de nuestros hijos, como los de nosotros”: [refiriéndose al Poder Ejecutivo, Lic. Felipe Calderón] “nos quitó el derecho a comer; nos quitó el derecho, a nuestro hijos, de estudiar; nos quito el derecho a la seguridad social”. El sentir que han sido despojados de sus derechos es algo que les cambio la vida, sin embargo, este sentir puede enmarcarse de diferentes formas. María del Roció piensa, sobre todo, en el “futuro” de su hijo, quien es, al mismo tiempo, una de la razones que la motiva y que le dan fuerzas para mantenerse en la lucha; se trata, sin embargo, no sólo de que él, su hijo, tenga un mejor futuro: “un buen México”, “distinto al que nos toco vivir”; sino también, un país más libre, “donde pueda decir lo que él quiere, […] lo que piensa”, “necesitamos gente que diga lo que no le parece, que diga esto no me gusta y voy a oponerme hasta el final”.

Así, en el relato de María del Rocío aparece la aspiración a un país democrático donde el derecho a ejercer el disentimiento o a ejercer la oposición no se traduzca en costos personales; un país donde existan instituciones solidas capaces de imponer limites a los “caprichos” de quienes Gobiernan.

En este sentido, María del Roció, ha perdido el respeto a la figura presidencial, pues aun cuando confiesa no haber votado por Felipe Calderón, la labor del presidente es, en su opinión, procurar el bienestar de todos mexicanos; desde su perspectiva, sin embargo, el actual Gobierno ha agraviado no sólo a los electricistas y a millones de mexicanos; sino también a la propia embestidura presidencial: “con la extinción de Luz y Fuerza del Centro condeno a la desaparición a varios pueblos electricistas; como voy, como puedo respetar a una persona con esas características, que en lugar de apoyar a su pueblo, lo destruye […] me enseño que la justicia no existe o parece no existir y para hacer la valer hay que luchar muy duro”.

Aun cuando la conclusión es que la sociedad mexicana se encuentra en resistencia permanente ya que el mexicano “aguanta, aguanta y aguanta”; para María del Rocío la “huelga de hambre” es “un llamado a la opinión publica” y a la solidaridad; pero también, una experiencia a expandir que se adhiere a sus aspiraciones por una sociedad más democrática: “vamos a ser capaces de transmitir todas estas vivencias a otras gentes, para que no se callen, para que no, no permitan que pasen sobre sus derechos”; “que si uno alza la voz, los demás la van alzar”.

Al igual que otros tantos trabajadores afiliados al SME “en resistencia”; María del Rocío se resiste y opone a poner el pie en la calle; ya que ello significaría renunciar a su trayectoria laboral, a su antigüedad y experiencia laboral, a sus derechos individuales y colectivos; pero también, a su sindicato y a su fuente de trabajo, la cual persiste, subraya: “yo ahora me pregunto, de que sirve que yo aprendiera todo el movimiento de mi escalafón si en la calle no me sirve, fui a todos los cursos habidos y por haber, leí todo lo que tenia que leer, practique todo lo que tenia que practicar, hasta manejarlo perfectamente, pero en la calle no sirve lo que hacíamos en LyFC”.

Para María del Rocío, el movimiento de resistencia pasa también por el libre ejercicio de la palabra; alzar la voz significa, por lo tanto, ejercer el derecho a disentir y a oponerse, pero también, la “esperanza” de ser escuchado en la SCJN: “tiene que saber que estamos aquí y lo sabe, que estamos aquí, pero tiene que escuchar que tiene que hacer justicia”.

http://edgarbelmont.blogspot.com/

Dr. en sociología.

Edgar Belmont Cortés

http://edgarbelmont.blogspot.com/

HUELGA DE HAMBRE...26 DÍAS

26 días en huelga de hambre, SME
Escrito por caro
Hoy fue un día muy activo en el campamento de los huelguistas, Andrés Manuel López Obrador llegó a las 10 a.m. trabajadores del SME tanto afuera del plantón como los huelguistas ya lo esperaban sentados, otros recostados en su catre escucharon las palabras que les dirigió; a pesar de su debilidad algunos de ellos se levantaron de sus sillas y comenzaron a gritar junto con su puño izquierdo ¡Es un honor luchar con Obrador!

Dos huelguistas antecedieron el saludo de solidaridad de Andrés Manuel.

Obrador dijo que no le agrada nada el sufrimiento por el que pasan los huelguistas, pero que entiende que es una forma de presionar para obtener la justicia, hizo un llamado a los ministros de la “Suprema” Corta ya que es un asunto urgente por la situación de los huelguistas que ya no tienen que seguir sufriendo, el apoyo seguirá por parte de las casas del movimiento, de los comités de todo el país y del movimiento en general y él en cada pueblo que se encuentre continuará hablando de la lucha que lleva acabo el SME.

Por la tarde llegaron los familiares de los mineros muertos en Pasta de Conchos les dieron palabras de aliento que sigan en la lucha que en los días siguientes les llevarán un documental de los mineros que se mostrará con motivo de una feria de Derechos Humanos.

El Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa la Parota llevaron su protesta hasta el campamento, ellos saben lo que es luchar contra el gobierno, ser reprimidos y acosados por las autoridades y hasta ser encarcelados por no ver a su pueblo sumergido bajo las aguas no sólo del abandono sino de un proyecto para una hidroeléctrica, es por eso que apoyan la lucha del SME. También llegó Ferrer Galván para darles una platica a los compañeros acerca de la Resistencia Civil Pacífica; mientras tanto Martín Esparza visitaba las carpas una a una para platicar y ver como se sentían los compañeros en huelga.

Fue un día en que las visitas les subieron el animo a los semitas, aunque ya se les ve más delgados y debido a lo débil permanecen un buen rato acostados o durmiendo en sus catres, ellos siguen con la firme convicción de que esto se va ganar; así que no dejemos de visitar a nuestros compañeros en lucha sigamos con la solidaridad y palabras de aliento, esas que sólo los grandes amigos saben dar cuando uno más las necesita.

Por cierto el ayuno de los ciudadanos libres, pueblo en general se sigue llevando acabo junto con ayunos de esposas de electricistas que también tuvieron la iniciativa de apoyar a los huelguistas. Y se levantó un campamento de ayuno por 48 horas que hicieron mujeres del Departamento de Oficinistas Varios afuera de la embajada española.

Un trabajador, una Historia, nueva entrega:
Ranulfo
Escrito por Un trabajador, una Historia



Nombre: Ranulfo Cisneros Reza

Comienzo huelga de hambre: 28 de Abril

Edad: 50 años

Puesto en LyFC: Conexiones instaladores & medidores


Hace muchos, muchos años, el abuelo de Ranulfo se fue de su pueblo, San Isidro, entre Hueniques y Cuineo, y tardó más de cincuenta años en volver. Todo el asunto vino motivado a causa de una disputa familiar: su hermana Lola había decidido casarse con el peor enemigo del abuelo de Ranulfo. Despechado, el abuelo de Ranulfo se presentó en la boda con una escopeta y le metió al novio un tiro en las nalgas. Luego, se fue. Al novio, por cierto, no le pasó nada. El abuelo de Ranulfo hizo la revolución, se casó y tuvo hijos y nietos en San Juan Tenería, Guerrero. Cincuenta años después, convencido y apoyado por sus propios hijos, decidió volver a su pueblo natal. Allí le dijeron que dos de sus hermanas todavía estaban vivas: una de ellas era Lola. Receloso y tras pensárselo mucho, el abuelo de Ranulfo se fue acercando a la casa. Lo que él no sabía es que otro de sus hermanos, que había emigrado a Estados Unidos, había muerto hacía apenas un año. Y así fue como cuando Lola vio aparecer en la distancia al abuelo de Ranulfo le dio un vuelco el corazón y pensó que el hermano muerto volvía a la vida. Lola murió a los tres meses. Dicen que se murió del susto.

AMLO visita el Campamento en Huelga de Hambre del SME
Escrito por Equipo Radio AMLO
El día de hoy, el presidente legítimo de México Andrés Manuel López Obrador estuvo en el zócalo capitalino y dirigió unas palabras a los compañeros del Sindicato Mexicano de Electricistas que se encuentran en huelga de hambre desde hace 25 días.

Visita del Presidente Legítimo en el Zócalo capitalino a los compañeros del SME en Huelga de hambre ya con 25 días. Solidaridad plena y apoyo.

Pide López Obrador a la Corte que resuelva a favor de los trabajadores electricistas
Escrito por Prensa Gobierno Legítimo
México, Distrito Federal, Miércoles 19 de mayo de 2010
* Convoca a los ministros del máximo tribunal a restablecer la legalidad y el estado de Derecho en México
*Reitera su apoyo y solidaridad con los trabajadores despedidos y el Sindicato Mexicano de Electricista
*Detrás de la extinción de Luz y Fuerza está la entrega de 22 mil km de fibra óptica a Televisa y a Telefónica, asegura